*El horror: la llamada que confirma que un compañero de trabajo ha sido
secuestrado.
Lo platicamos muchas veces en los últimos meses en las reuniones de
planeación de Punto de Partida, el peligro acechaba. Ahí estaban los
levantones de periodistas de medios locales, las ejecuciones y la total
impunidad. ¿Cuándo nos toca? ¿Cómo evitarlo? Una y otra vez nos repetíamos el
rosario de precauciones.
*El agradecimiento. A todos los medios sin distinciones. Todos manifestaron
el interés por salvaguardar la vida de los compañeros secuestrados y la
disposición a actuar juntos a pesar de diferencias y agravios de toda índole
acumulados con los años.
*Ahora más que nunca parecería impostergable que los medios y los periodistas
nos pongamos de acuerdo, imaginemos protocolos de reacción y de comportamiento
gremial, que garanticen la vida de los periodistas, el eficaz ejercicio de la
libertad de expresión y de la obligación de informar.
*La comunicación y acuerdo permanente entre Televisa y Milenio fue
fundamental.
*El alivio y la sorpresa: los secuestradores se comunicaron, querían
negociar, pero pedían espacio en los informativos.
*Su argumento: si la difusión del video de un policía municipal de Lerdo
confesando que los asesinos de las masacres en Torreón eran internos del penal
de Gómez Palacio había provocado la reacción inmediata de la autoridad, ellos
esperaban que la difusión de sus videos generara lo mismo y un daño equivalente
a sus adversarios.
*El secuestro ocurrió en territorio liberado. Sí, pero de cualquier autoridad
legítima. O, ¿acaso alguien escuchó en toda la semana una declaración del
gobernador de Durango, Ismael Hernández, manifestando su preocupación o
comprometiéndose a buscar una solución? Ni qué decir de las autoridades
municipales, ¿alguien sabe cómo se llama el presidente municipal de Gómez
Palacio?
*A Héctor lo soltaron el jueves en la mañana porque querían que hiciera una
nota donde destacara que el video que llevó al arraigo de la directora del penal
de Gómez Palacio estaba truqueado. Esa "información" debía salir en Punto de
Partida en la noche, así como una entrevista con él para que contara "lo
bien" que lo habían tratado. Se quedaron con los camarógrafos de Televisa y
Milenio para asegurarse de que cumpliríamos con esa exigencia.
*Nadie, ni Héctor ni ningún negociador de Televisa ni de Milenio, prometió
nunca que se cumpliría con esa exigencia.
*La decisión de Televisa fue inmediata: ni esta vez ni nunca se iba a
negociar el contenido de un programa porque alguien tenía de rehén a un
compañero nuestro.
*No fue fácil explicárselo a Héctor, que venía de dejar a los otros dos en
manos de sus secuestradores, ni a todos los compañeros de Televisa Laguna.
*La consigna. Había que resolver este caso, pero también la seguridad de
todos los periodistas de nuestro medio y de otros en el futuro. Ceder era poner
en riesgo a todos.
*El otro agradecimiento. A la Policía Federal y en especial a sus
especialistas en temas de secuestro, su apoyo fue decisivo.
*La crítica: se entiende que los triunfos hay que presumirlos, pero ¿qué
necesidad tenía la PF de mostrar a los liberados frente a los medios? La
seguridad de ambos debería haber estado por encima de cualquier impulso
protagónico o propagandístico.
*El operativo: fue el sobrevuelo de un helicóptero por encima de las casas de
la zona y el ruido de los cateos en casas cercanas lo que llevó a los
secuestradores a abandonar a ambos camarógrafos.
*Las interrogantes: ¿dónde quedaron los tres agentes de la AFI, el policía
municipal, y la pareja que estaban secuestrados en la misma casa de seguridad
que los periodistas? ¿Por qué no lograron detener a nadie?
Esta columna se va de vacaciones.