Que el PRI gane no
es sinónimo de involución democrática. Aquí dije el lunes que el retroceso
democráticoque se percibe es independiente de los resultados y no causa de
ellos. Muchos mexicanos votaron el domingo libremente por ese partido. Mal
haríamos en decir o pensar lo contrario. Mucho se ha criticado, y con razón,
que se considere democrático un proceso sólo cuando el ganador es el que a uno
le gusta. Si se es demócrata, hay que aceptar que cualquier partido puede
ganar, de lo contrario incurrimos en el error en el que han caído tanto
panistas como perredistas en los últimos años y que tanto daño le ha hecho al
país. En el PAN pasaron de anatemizar en el 2006 a López Obrador por ser
"un peligro para México" a advertirnos de que si Peña Nieto y el PRI ganan en
el 2012, son las matanzas de estudiantes y los acuerdos con el narco los que
vuelven. En el PRD de López Obrador es muy claro: o son ellos los que ganan o
es la mafia la que avanza gracias a prácticas nauseabundas y maléficos
complots.
En este país hemos
aprendido a contar los votos y a que esos votos cuenten a la hora de decidir
quién gobierna, pero eso no quita que nuestra democracia sea hoy una democracia
de baja calidad. La involución no radica en quién gana, sino en la calidad del
proceso en su conjunto: las reglas que no se cumplen, el uso de recursos
públicos, la falta de debate, el énfasis en el reparto de bienes y de promesas
asistencialistas como medio para obtener votos. Prácticas que no son un
obstáculo invencible como lo demostraron las victorias de Gabino Cué en Oaxaca,
o de Malova en Sinaloa, ni exclusivas de un solo partido.
Pero más allá de
estas prácticas hay indicadores de un deterioro:
*No hay partidos
competitivos. Catorce años después de la primera alternancia en el
Distrito Federal y de que el PRI perdiera la mayoría en el Congreso, el PAN y
PRD no tienen cuadros propios y han demostrado que sólo ganan cuando van juntos
y con un candidato recién salido de las filas del PRI.
La verdad es que la
lucha descarnada y suicida que emprendieron desde los albores del foxismo acabó
debilitándolos a ambos y alejándoles de parte importante del electorado. El
desafuero emprendido por Fox; las pullas cotidianas de López Obrador desde el púlpito
de sus conferencias mañaneras; el eslogan del peligro para México; el plantón
en Reforma, la presidencia legítima, la toma de posesión entre gritos y
silbatazos, episodios todos de una batalla descarnada que dividió a México y
que a ellos los dejó exangües.
*Las derrotas no se
aceptan. Una condición indispensable en una democracia es el
consentimiento del perdedor: al reconocer la victoria de un adversario se
reconocen las reglas básicas del juego y por lo tanto la legitimidad del
sistema en su conjunto. Nadie pide que no se denuncien los gastos excesivos o
el uso de recursos públicos, pero cuestionar el proceso en su totalidad cada
vez que se pierde es minarlo progresivamente.
*Un líder
antisistema. Que uno de los líderes más populares del país y que cuenta
con un arrastre importante entre la población juegue de facto contra las
instituciones es otro de los elementos que explican el deterioro. Es él o la
mafia y la mafia es la traición, en sus palabras: "el regreso del PRI sería
como el retorno de Antonio López de Santa Anna... y terminaríamos como esclavos
en nuestra propia tierra". Para él, los otros no pueden ser adversarios sino
enemigos porque son los que buscan "seguir aplastando a los mexicanos y seguir
hundiendo al país". Cualquier derrota de López Obrador o de sus candidatos y
amigos es sólo la prueba de la inexistencia de la democracia.
*Todos hacen lo que
pueden y no lo que deben. Los gobernadores se apoderan porque pueden
de los Institutos Electorales de sus Estados, y los grandes actores de la
política nacional se pelean sin pudor, porque pueden, los asientos en el IFE. Y
si conviene y se puede, no dudan en cambiar las reglas electorales de última
hora.
Quizá no es para desgarrarse
las vestiduras. Ayer en su columna, el gran Gil Gamés recordó la frase de
Edmundo O´Gorman: "la historia no avanza en línea recta hacia delante; muchas
veces da saltos y no pocas veces hacia atrás".
Así es, sin duda,
igual hoy el panorama no es alentador.