Incongruencias panistas. Don Santiago Creel Miranda y otros destacados personajes de la cúpula del PAN en Yucatán circulaban en la madrugada en un convoy de vehículos al que se le pidió el alto como a cualquier ciudadano. Pero a pesar de ello, no se detuvieron, y prefirieron darse a la fuga, ostentando después su fuero, cuandolos detuvieron posteriormente y los revisaron, según declaraciones de los mismos implicados, por 40 minutos. Como sabemos, en todo el país existen retenes, los que forman parte de la multipublicitada retórica del gobierno Federal dizque contra el narcotráfico. En Yucatán, los hay en mucho menos número y la actitud de los gendarmes es mucho más respetuosa, que en otros Estados, donde se tiene el gatillo fácil.
Más aún, la propaganda electoral panista, se ha centrado en el discurso de la llamada guerra a las drogas: escenas escalofriantes, dignas de un país sometido a una dictadura, son proyectadas en spots en los que hombres fuertemente armados entran a patadas tumbando una puerta, la que se supone esconde un nido
de narcos o delincuentes. Lástima que con escalofriante frecuencia se suscitan los "errores" y hogares de pobres ciudadanos son allanados y no raramente robados y agredidos de forma espeluznante, como de hecho ya ha sucedido en Mérida con operativos federales.
Increíblemente, con dichas imágenes, se invita a votar por el PAN, para perpetuar el estado de sitio y la militarización del país; todo justificado en la presunta lucha a la delincuencia la que mientras tanto ha crecido, acosando a la ciudadanía.
Precisamente, el candidato del PAN por el IV Distrito de Mérida centra su campaña en el lema: "un presente más seguro".
No se comprende la lamentela de los panistas y del señor Creel. Se nos dice que el señor presidente va en serio contra el narco a diferencia de otros gobiernos (¿el de Fox?) pero se crea un caso político (o más bien electorero) de la revisión en un retén.
¿Entonces, se está en contra de la política de seguridad del gobierno Federal? ¿De la propaganda panista que atosiga a los ciudadanos para que voten por más represión la que se equipara con más seguridad, falsamente?
De otra manera no se entiende la protesta de Creel, Nucamendi y Zavala. Yo estoy totalmente de acuerdo con ellos en el rechazo a los retenes como política de Estado, pero no sólo en Yucatán, sino en todo el país; de la represión, como presunta fórmula contra el narco; del prohibicionismo, como panacea para combatir la drogadicción y el fructífero tráfico de estupefacientes.
Los retenes, para empezar aquellos militares en los que han muerto no pocos civiles en el norte del país por otros "errores", son anticonstitucionales. No permisibles en un país democrático. No estoy de acuerdo con que se viole el espacio privado o que se entre en hogares de mexicanos a patadas o se revisen autos y a personas como si fueran delincuentes. ¿Quién no ha tenido una amarga experiencia al respecto?
Tampoco estoy de acuerdo con la reciente reforma que permite "arraigar" a presuntos sospechosos, eliminando los derechos ciudadanos o intervenir los teléfonos de particulares.
Como señala el ex aliado priísta de Calderón, Manlio Fabio Beltrones, en la revista Proceso (1702): "a muchos nos preocupa que los instrumentos de excepción que el Congreso le ha dado a este gobierno, como son la intervención telefónica, la de los cateos y el arraigo, estén siendo utilizados de de manera incorrecta y facciosa".
¿O de qué se trata? ¿De ostentar fuero, de afirmar que senadores y cúpulas partidistas son superiores al ciudadano común y corriente y por lo tanto no deben sufrir la amarga experiencia cotidiana de las revisiones y de los retenes?
Para algo deben servir las charolas y las camionetas suburban polarizadas. Que al ciudadano de a pie se le aplique el torniquete de los retenes. De las revisiones. Pero que a los diputados y senadores se les exonere. Como casta privilegiada. Casta divina yucateca, pues.
Cabe recordar lo que sucedió en días pasados en el área metropolitana de Monterrey, donde varias unidades de policía bloquearon las principales avenidas argumentando su molestia por los operativos (electorales) del
Ejército; luego, como se sabe, la célebre policía federal detuvo y encañonó a los policías de los vehículos que los encañonaron a la vez, bloqueando la circulación; en medio del terror, la ciudadanía indefensa, desamparada y
expuesta pagando la factura del descomunal desmadre que es la presunta estrategia (¿hay?) en contra del narco. La imagen, de postal, estilo spagüetti western, dio la vuelta al mundo y fue reproducida en diarios de todo el planeta: preciosa imagen de cómo se Vive en México, para que vengan los turistas que desean emociones fuertes y jugársela como en la ruleta rusa.
¿Pero, insistimos, acaso la cúpula panista en Yucatán no está de acuerdo con la política de su mismo partido a nivel federal? ¿Rechazan los retenes que se han convertido en parte del paisaje? ¿Están contra la política del terror, del shock, como la que se aplicó con la influenza, devastando la economía nacional?
Si es así, bien venga su denuncia. Pero deben, antes que anda, acudir a la capital del país a denunciar a su líder de campaña, es decir, a Felipe Calderón. Y exigir en el mismo senado donde se aprobaron los llamados
instrumentos de excepción, que sean derogados ipso facto.
De otra manera, estamos, otra vez, ante la tradicional doble moral panista. Y frente a una denuncia electorera.
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