"No hay camino
Para quien no sabe a dónde va"
Refrán popular.
Entre los muchos sucesos históricos que he tenido la fortuna de presenciar, la primera marcha de periodistas en nuestro país ocupará siempre un lugar especial en mi corazón.
Fue como si los profesionales de la comunicación recuperaran simbólicamente la zona más emblemática en los anales del periodismo mexicano: La esquina de la información con los dos grandes diarios de antaño, todo el corredor de Reforma que durante muchos años albergó a todas las agencias noticiosas con las indispensables corresponsalías, un poco más allá la escuela Carlos Septién García, todavía hoy semillero indefectible, muy cerca también está Organización Editorial Mexicana y como mudo testigo el edificio que alguna vez albergó al difunto órgano gubernamental "El Nacional"; claro sin olvidar nuevas propuestas como "Milenio", las sedes de internet y el rejuvenecido grupo radiofónico "ABC".
Era un México sin celulares ni computadoras, no se vivía en tiempo real, la información tardaba más en conseguirse y procesarse pero precisamente por eso tenía un sentido mayor de permanencia, sin la volatilidad de hoy.
No pude evitar llenarme de nostalgia, recordé las máquinas de escribir, las cámaras pesadas con enormes flashes, los rumores en el café "La Habana", el intercambio de información en la rústica cantina "Salón Palacio", las largas madrugadas en las redacciones, el telex, el linotipo, la alegría de utilizar por vez primera un complicadísimo fax y por supuesto, la inenarrable satisfacción de ver tu noticia en primera plana.
Me encontré con gente que no veía desde los años ochenta, cuando las salas de prensa tenían otro sabor y el quehacer periodístico se dividía entre los románticos que no aceptábamos "embute", los descarados que lo presumían (también normalmente invitaban los tragos) y el resto, que no sabías ni preguntabas pero que generaban serias dudas.
Justo frente a Gobernación me topé con dos colegas que al igual que un servidor abandonaron los medios para dedicarse a la política electoral, uno senador y otro ex alcalde. Los tres coincidimos en mantener un perfil bajo, era el día de los periodistas no de los políticos, aunque también no pudo pasarnos desapercibida la actitud de algunos que, acostumbrados a estar del otro lado, se sentían muy incómodos en el papel protagónico de la noticia.
Al finalizar el evento sabatino, como en los viejos tiempos, nos reunimos en el Sanborns de La Fragua para intercambiar opiniones, ahí se nos unió un paisano yucateco que cubrió la fuente de presidencia por largos períodos de tiempo para diversos medios nacionales.
Sin lograr unanimidad, podemos decir que llegamos a los siguientes consensos:
1. El gremio si bien puede ser muy solidario en realidad se encuentra poco cohesionado, tal vez por la enorme disparidad en la que se ejerce la profesión, el oficio se ha vuelto vario pinto cuando antes básicamente todo el mundo hacía lo mismo, sólo que desde distintos lugares.
2. La diferencia ente los directivos de las empresas informativas y los reporteros de trinchera es abismal en todos los sentidos, incluso pudimos palpar cierto dejo de resentimiento laboral entre la tropa y sus empleadores, llámense dueños o directores.
3. A pesar de los 64 muertos, los heridos, los amenazados y los desaparecidos, en realidad son pocos los que trabajan en circunstancias verdaderamente peligrosas, todavía no se trata de un fenómeno generalizado como ha sucedido en otros países, sin embargo en puntos muy focalizados, sobre todo en pequeñas ciudades de provincia, la intimidación surte efecto porque no hay defensa posible, ni siquiera la denuncia mediática, no sólo por la incapacidad del aparato estatal para otorgar seguridad, sino también porque los medios nacionales están obsesionados periodísticamente con lo que sucede en la frontera, lo demás ha dejado de ser noticia para convertirse en estadística.
4. El riesgo profesional no es nuevo, baste con recordar los casos de los directores del semanario tijuanense "Zeta". Lo realmente inédito es el involucramiento de las empresas de comunicación social en un ajedrez donde no juegan, la labor de amenazas cumplidas que tan eficazmente hacían los gobiernos priistas (como en el "Excélsior" de Scherer y un sinfín de casos más) ahora lo realiza el crimen organizado, y eso no es una cuestión gremial sino de seguridad nacional. El peligro es inherente a la vocación, como en el caso de los corresponsales de guerra, pero las decisiones son un asunto de Estado y punto, los periodistas no tienen nada que ver ni individualmente ni de manera colectiva, sólo queda informar oportunamente a la sociedad en su conjunto, he ahí el reto de todos y cada uno de los comunicadores.
5. Bien por Granados Chapa, Pepe Cárdenas, Ricardo Rocha y algunos otros que estuvieron presentes, pero nos hubiera gustado ver en la marcha a más "vacas sagradas", sobre todo a aquéllos que presumen de contribuir a la formación de una sociedad civil verdaderamente organizada.
6. Lo más importante de todo, lo medular es trascender a la anécdota, aterrizar algo en beneficio de todos, bien lo dijo Miguel Ángel Granados Chapa, es un "primer paso" pero hay otros temas pendientes como el salario mínimo profesional o la actualización de los códigos de ética. En fin, todavía falta mucho para poder fijar objetivos concretos otorgándoles una solidez conceptual con sentido gremial; esa sí que sería una noticia de ocho columnas.