En la cama y en la cárcel se conoce a los amigos
Refrán popular
Considero que uno de los yucatecos con más talento que existen entre nosotros, es Hector Herrera Álvarez, nuestro popular Cholo Dzipiris Arrigunaga y Peón, como él mismo suele llamarse. Actor polifacético, capaz de interpretar a Moliere y cualquiera de los clásicos, que de caracterizar al típico uinic de nuestras lajas, Cholo ha sabido ganarse a base de gracejadas el cariño de todos los que habitamos esta tierra.
Resulta que por enésima ocasión, recibí un correo en el que se reenviaba un mensaje, firmado esta vez por una tal María Eugenia Escobedo, donde recalca el mal estado de salud del mimo yucateco, reiterando su carencia de medios para solventar la penosa enfermedad que lo aqueja, sin aclarar su naturaleza ni especificar de qué se trata e hizo un vehemente llamado para acudir a una función en su beneficio realizada en el teatro Peón Contreras, así como pidió donativos en numerario para retribuir en algo, la risa que nos ha causado con sus obras.
La desconfianza, me parece, es inevitable por varias razones: primeramente porque hasta donde sé y entiendo, hace cosa de tres años que nuestro primer actor ha sido víctima de múltiples dolencias, pero demuestra empecinadamente, una mala salud de hierro porque si su mal fuera tan grave, ya no estaría para contarlo, habida cuenta de su edad y sus precarias condiciones físicas.
Amén de lo anterior, no sería la primera vez que algún o algunos vivales aprovecharan una dolencia auténtica para lucrar con la generosidad y la inocencia de los admiradores del artista e intentar hacer su agosto en julio. Llama la atención saber que ni Cholo ni sus allegados han tenido que desprenderse de posesión alguna, dada la naturaleza del caso. Se dice que los bienes sirven para remediar los males.
Podemos proseguir apuntando que Cholo no es solo en este mundo, que además de su consorte posee numerosa y dilatada familia, por cierto dedicada al ambiente de la farándula. Llama por demás la atención, que el exhorto no tenga semejante origen.
Para concluir, me pregunto porque los ciudadanos debíamos abrir nuestros bolsillos cuando en primera instancia esta responsabilidad correspondería a nuestras autoridades civiles y culturales, concretamente al Instituto de Cultura de Yucatán que podría anotarse un éxito rotundo abanderando tan noble causa.
Probablemente no faltaría quien aseverara que las condiciones financieras de la referida entidad gubernamental no se prestan a ello y solo cuestionaría si sería lo contrario, si no hubieran dilapidado sus recursos organizando vaquerías multitudinarias para halagar vanidades. Pero amén de lo anterior y en mérito de la destacadísima trayectoria de don Héctor, me permito aportar ante la nula creatividad de los funcionarios públicos del ramo, las siguientes alternativas, que propiciarían el cumplimiento de sus deberes institucionales: establecer un porcentaje deducible de la taquilla de cuanto evento organice el instituto de cultura, de aquí a fin de año y realizar alguna función para su beneficio. Con esto, de algún modo los recursos también saldrían de la bolsa de los ciudadanos.
Otra opción sería que el gobierno del estado destinara los recursos con que cuenta el Hospital O Horán a este fin; es decir: médicos, enfermeras, quirófanos y atención pre y post operatoria. Con esto, tampoco se requeriría erogar un solo peso y al provenir el dinero de fondos públicos, también seríamos a final de cuentas, los ciudadanos aunque sea indirectamente, vía impuestos, los que veláramos por Cholo.
Por último y si nada de lo enunciado previamente fuera viable, consideremos la cantidad de fondos que podrían reunirse, si la gobernadora se muestra solidaria y decidiera reducir en alguna proporción o cancelar en definitiva, sus interminables paseos por avión a lo largo y ancho del país, el financiamiento a programas de variedades y teletones, los obsequios enviados a sus amistades faranduleras y por esta vez, no organizar informe ciudadano alguno. Con cualquier variable que elija, Cholo está salvado.
Eso sí, sería indispensable que se rinda un informe pormenorizado de los recursos destinados al tratamiento de la enfermedad de nuestro dilecto histrión, susceptible de ser auditado por cualquiera. No vaya a ser cosa que nos vuelva a suceder lo del concierto de Plácido Domingo...
Dios, Patria y Libertad