Se pide perdón cuando hacemos algo que lastima, ofende o
agravia consciente o inconscientemente al prójimo. Existen diferentes niveles
de daño, de conformidad a ello, la ley establece diferentes medios de
reparación del mismo, consistiendo la reivindicación es regresar las cosas al estado
en que se encontraban antes de los hechos por los que se piden excusas.
Cabe mencionar lo anterior a raíz de lo expresado por la
contadora Ana Rosa Payán Cervera, que solicitó a la militancia y al Partido de
Acción Nacional en pleno, la disculparan por el daño ocasionado a este
instituto político, que lo llevó a perder las elecciones para la gubernatura en
el pasado proceso electoral estatal.
Como podemos ver, la herida que infirió al partido que la vio nacer al
quehacer público, no fue poca cosa.
La contadora Payán solicitó ser perdonada si acaso su
conducta decepcionó o lastimó a alguien. Adujo las razones que normaron su
proceder. Justificó sus hechos. En ningún momento externó arrepentimiento por
las lesiones provocadas al partido que la cobijó tantos años.
Moralicemos un poco: si dañamos a alguien y somos gente bien
nacida, fuerza es pedir perdón por ofender al prójimo. Pero la cosa no queda
ahí, es menester expresar arrepentimiento y voluntad de no reincidir en el
agravio, reparando en la medida de lo posible, la afrenta causada. De no ser
así, podríamos tildar las excusas de hipócritas y catalogar su exposición como
oportunismo, pretendiendo con avilantez quizá, continuar causando daño,
auspiciado por un ánimo aparentemente contrito. No estoy diciendo, que este sea
el caso, claro. Perfectamente aclaré que me permitiría moralizar un poco.
En lo referente a la contadora Payán, me parece que tendría
que manifestar en vías de hecho su arrepentimiento, si su natural la hace
incapaz de participarlo de manera fehaciente
(lo cual, carecería por completo de relevancia, si se traduce en
acciones concretas). Considero que para ser sujeto de crédito, tendría que
volver a empezar su trayecto partidista y hacer patente su completo desinterés
por contender por cargo de elección alguno, para que el panismo yucateco
pudiera intentar volver a confiar en ella y no pensara que está intentando
subir de nuevo al barco para hacerse de su control, instigando un motín a bordo
o con la consigna de voces ajenas, de intentar hundirlo a toda costa, minando
su línea de flotación o socavando la moral de la marinería.
Que el Comité Ejecutivo Nacional del blanquiazul sea el
encargado de determinar qué suerte correrá la otrora directora nacional del
DIF, me parece adecuado. Así no tendrá argumento alguno que esgrimir motejando
a sus juzgadores de parciales y adictos a su némesis. Lo que es un hecho, es
que los encargados de tan ardua tarea, tienen ante sí una muy ruda labor, que
deberán desarrollar con base al apego irrestricto a los postulados partidistas,
con una muy diáfana óptica política y con un amplio sentido de generosidad. La
faena será indudablemente compleja, no me gustaría en lo más mínimo estar en
sus zapatos. Sin embargo, no podemos perder de vista, que no se puede rechazar
al hijo que retorna arrepentido, que el momento actual exige sumar y
multiplicar voluntades y que la decisión de reincorporarse, bien encauzada,
podría ser la carta ganadora para la contienda.
Si la contadora Payán en un acto insólito de desinterés y generosidad
manifiesta públicamente su ánimo conciliador y su carencia de ambiciones políticas, creo que habrá ganado
puntos trascendentales en el ánimo de los encargados de determinar su suerte y
se agenciará la simpatía de muchos que la miran hoy con recelo y desconfianza.
Tendrá que volver a empezar. No basta pedir perdón y manifestar
arrepentimiento, en las obras habrá que demostrarlo...