Por decreto, como se hacen muchas cosas en
nuestra patria, sin parar mientes en que los ciudadanos no somos retrasados
mentales y nos damos cuenta de cuanto acontece, el gobierno federal contagiado
de los vicios del priato, ha determinado continuar con la mentira y festejar en
2012 el bicentenario de la independencia nacional y el centenario de la
revolución.
Mueve a risa, toda vez que cualquier persona medianamente
interesada en la historia nacional, podrá percatarse que el cura Hidalgo en
Dolores gritó a voz en cuello, entre otras cosas, viva Fernando VII, lo que no
es muy congruente con la versión independentista (en realidad, Hidalgo aspiraba
a que las colonias tuvieran un grado mayor de autonomía en diversos rubros de
la administración pública, principalmente en lo concerniente a la posibilidad
de que los criollos pudieran acceder a ciertos cargos), pero peor aún hasta un
estudiante de bachillerato podría decir que el acta de independencia de la
nación fue rubricada por Agustín de Iturbide, lo que si Pitágoras no falla, nos
permite inferir que faltan aun varios años para conmemorar tan fausto
acontecimiento.
De la revolución, mejor ni hablar, porque cabría preguntarse si
merece tal nombre una simple revuelta armada para deponer a un gobernante, toda
vez que no se cumplieron ninguna de sus premisas y escasamente mejoraron las condiciones
de sus protagonistas: los campesinos principalmente y en menor medida, los
obreros.
Ya entrados en el ánimo conmemorativo, me
parecería adecuado aprovechar la ocasión para hacer un favor a los anales
patrios y reivindicar una serie de figuras que la maledicencia histórica,
auspiciada fundamentalmente por la masonería (principal promotora del priato) y
los historiadores "revolucionarios" (así, entre comillas) se han encargado de
distorsionar, presentándolos a los ojos de las grandes mayorías como seres
nefastos, contrarios al progreso nacional y hasta como traidores a la patria.
Procederé a enumerarlos, indicando sucintamente los motivos para
desagraviarlos:
En primerísima instancia, el libertador y
creador de nuestra nacionalidad, aunque por su catolicismo disguste a los
prosélitos de la escuadra, el compás y el mandil, don Agustín de Iturbide, que
aún concediendo que se hubiera dejado dominar por la ambición al coronarse
emperador, no es posible desdeñar que fue el orfebre que urdió el proyecto de
unificación de todos los partidarios de la causa independentista
(desinteresados o no), cristalizado en la liberación del dominio español.
Seguidamente, debemos citar al general Porfirio
Díaz, héroe indiscutible por los servicios prestados a la patria durante la
intervención francesa, que aún concediendo la falla monumental que cometió al
perpetuarse en el poder, es inocultable que pacificó y modernizó a nuestra
patria, dotándola de reconocimiento y prestigio internacional al apoyar
diferentes ciencias y artes, sin mencionar que fue el primer mandatario que
pudo encabezar un régimen que no se viera estremecido por trepidaciones
financieras, sino todo lo contrario.
Concluiré mi relación, incluyendo un personaje
contemporáneo al general Díaz, pero anterior en lo político: Fernando
Maximiliano José de Habsburgo y Lorena, Maximiliano I de México, figura
novelesca, continuamente defenestrada por la masonería, que si bien manchó su
asunción al trono de México al encabezar una invasión extranjera, su desempeño
político al dictar una serie de disposiciones notoriamente avanzadas para su
época, cosa que muchas veces ni el propio Juárez hizo, su manifiesto amor a
nuestro país visible en sus hábitos e indumentaria, pero sobre todo notorio al
momento de morir portando sombrero charro y vitoreando a México y reconociendo
lo sagrado de la independencia nacional (sin mencionar que fue víctima de un
proceso legal amañado y sin posibilidad de apelación, en el que Juárez se
evidenció como un individuo acomplejado, rencoroso y carente de grandeza y
generosidad), bastan para redimirlo sobradamente de las faltas cometidas.
Admitir estas precisiones históricas en ocasión
del bicentenario, conduciría eventualmente a matizar el dislate representado
por querer forzar anticipadamente los festejos de nuestra independencia y
llevaría a la construcción de ese México tolerante y carente de mentiras, al
que muchos aspiramos. Ojalá y el gobierno federal y la intelectualidad den
entrada a esta propuesta, sometiéndola de inicio al debido análisis. De lo
contrario, tendremos que admitir que pervive la práctica perversa de dar atole
con el dedo. Veremos quién se atreve a recoger el guante...
1 El Martes, 24/Agosto/2010 05:16 pm David López A dijo:
Saludos señor Memo. Es de llamar la atención con la que escribe sobre la historia de México, con antelación había recalcado en una entrega suya sobre Iturbide, quien no fue más que un oportunista, su objetivo era acabar con Guerrero, ya que era el único insurgente que seguía peleando en la selva, Guerrero, significaba una piedra en el zapato para quien fuera el nuevo virrey, puesto que solicitaba que no hubiera ninguna manifestación en su contra, y bien, los conservadores querían acabar con esos locos de la selva el único capaz de alcanzarlo era un ex soldado retirado que gozaba de la simpatía de los militares y hacendados, llamado Iturbide; este personaje acepta el reto y se empieza a comunicar por medio de cartas con Guerrero, quien desconfiado se rehusa varias veces a reunirse con Iturbide, hasta que accede, una noche antes Agustín diseña la bandera del que sería el México Independiente, pocos saben que él es el creador de nuestra bandera, le vende a Guerrero la idea de los tres colores que significaban las tres garantías, lo del aguila y la serpiente, etc, Guerrero accede y lo demás es historia, iturbide se nombra su alteza serenísima, etc. en cuanto a Porfirio diaz, te concedo la razón, la historia lo ha juzgado mal, para el centenario de la independencia, méxico contaba con el 90% de las vias ferroviarias que existen actualmente, ningún presidente hizo más infraestructura ferroviaria y si bien logró que en México haya paz, esta paz era por el temor que el ejército mantenía sobre la población, se delegó el poder a los hacendados quienes mediante la esclavitud contenían en gran medida a los indios su tráfico y con ello evitaban su sublevación. en cuanto a maximiliano, qué podemos decir bueno de él, si tenía buenas intenciones o no es secundario, como dicen los cubanos, preferimos a un hdp nuestro que un hdp extranjero, solo estaban de acuerdo con implantar a un extrangero los conservadores más arraigados, puesto que maximiliano tenia en sus venas sangre azul. hazme el ingao favor. si hay que honrar a nuestros héroes, pero hay que enseñar la historia correcta, no como viene en los libros de la sep, llena de datos imprecisos, la historia la esciben los vencedores, pero una historia tergiversada solo produce un país sin rumbo, pues sin pasado, no hay futuro. saludos.
2 El Jueves, 26/Agosto/2010 03:30 am Francisco Solís Peón dijo:
Efectivamente Memo, así fue como lo planteas, ya es hora de que los mexicanos se sacudan las mentiras maniqueas del libro de texto gratuito de nuestros tiempos.
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