Los desatinos y truhanerías de la
pandilla en el poder despiertan sobrada indignación en nuestra gente. No podía
ser de otro modo, mientras el ciudadano común debe esforzarse al máximo para
satisfacer sus más elementales necesidades, unos cuantos privilegiados sin sudar
y casi sin despeinarse, obtienen mucho más de lo que necesitan y aún podríamos
pensar hasta de lo que merecen.
En similar orden de ideas, es
comprensible y hasta justificable la irritación popular y consecuentemente, el
cada vez más notorio anhelo de modificar sustancialmente las circunstancias
imperantes. Prueba de esto, es que la gente va perdiendo el miedo y habla
dondequiera y al referirse a quienes protagonizan nuestra vida pública, lo hace
en términos poco comedidos, inconcebibles hasta hace relativamente poco
tiempo.
El problema de todo esto, es que la
ciudadanía aún no tiene muy claro que debe de hacer, si bien anhela
profundamente que las circunstancias muden de aspecto; y mientras unos aducen
que la cosa se limita a como en el fútbol, hacer un par de cambios que varíen el
porvenir, otros consideran que debe darse oportunidad a otras facciones de la
misma extracción que las hordas gobernantes, con actores más conscientes y
mesurados y hay finalmente quien piensa que nada funciona y todo debe cambiarse,
para empezar a edificar de nueva cuenta, a partir de cero.
La realidad es que nuestra entidad no
puede proseguir inmersa en un interminable carnaval político, con comparsas a
cual más grotescas, independientemente de su nivel de procedencia y mucho menos
puede permitirse el lujo de que el saqueo que significa el derroche continúe.
Los ciudadanos saben que tienen en sus manos un arma poderosísima y de notoria
eficacia para emplear en esta tarea: el voto y están dispuestos a ejercitarlo
con este manifiesto afán. Se espera en consecuencia, que la población emita
mayoritaria, abrumadoramente, un voto de castigo y es aquí donde hay que
puntualizar que semejante tipo de sufragio, implica necesariamente una conducta
visceral, impulsiva, escasamente meditada y mil por ciento revanchista.
Considero, es más que obvio, que no es tal lo que se busca.
El ejercicio libre del voto, debe ser
fruto de una cuidadosa reflexión y análisis, de una valoración de las
expectativas ciudadanas y de los resultados ofrecidos por la actuación de las
autoridades; y aquí no hay subjetivismos, cuando un gobierno trabaja y cumple,
su actividad se traduce en obras, visibles siempre a la mirada de la población;
al igual que cuando las autoridades se dedican a la milonga, su inactividad se
reduce a primeras piedras.
Por eso estimo que el sufragio al ser
consecuencia del análisis y una exhaustiva valoración de conductas y obras, debe
generar un voto correctivo. Esto es, la decisión manifiesta de modificar el
orden vigente, una inocultable vocación de cambio, una justificada revocación de
la confianza depositada y sobre todas las cosas, un auténtico golpe de timón en
los estilos en boga.
Y para que el voto verdaderamente
tenga alcances correctivos, es indispensable contemplar sin apasionamientos la
situación política prevaleciente, fortaleciendo la principal opción opositora,
al arroparla con la presencia de integrantes de otras fuerzas políticas afines y
aderezándola con planteamientos y voces de dichas tendencias y la
ciudadanía.
Dicho sea en pocas palabras y en buen
romance: se necesita generar una gran alianza opositora, a la que es
indispensable incorporar a la ciudadanía, a través de los diferentes grupos
organizados que posee. Muy fácil de decir, sencillo de plantear, muy complicado
de hacer, pero no imposible de cristalizar.
Ojalá en los diferentes partidos
políticos prevalezca el sentido común y pueda entenderse lo impostergable de
aplicar esta medida y se pueda comprender también que encabezar, no significa
acaparar y que el acompañamiento tampoco implica chantaje ni reparto indebido de
espacios y posiciones.
Hago votos para que los diferentes
liderazgos, ansiosos de rescatar a Yucatán, comiencen a considerar esta
propuesta, a examinarla, discutirla y enriquecerla; y por supuesto, invito a
todos los yucatecos bien nacidos, a no dejar pasar la oportunidad de emitir un
voto correctivo, que modifique y que transforme nuestro actualmente poco
esperanzador panorama, quien rehusara hacerlo, no tendrá más adelante, derecho
alguno para reclamar.