El atlas de Borges es una exposición de 130 fotografías inéditas de los
viajes de Jorge Luis y María Kodama a más de 20 ciudades. La viuda del escritor
argentino, presente en la inauguración, aprovechó su presencia en México para
ofrecer detalles de la polémica relación
María Kodama es menudita y camina como levitando. Aunque habla en susurro, se
le ve contenta y siempre busca sonreír. Como presidenta de la Fundación Borges,
su vida sigue girando en torno a él a veintitres años de la muerte del escritor.
Dicha encomienda la obliga a viajar con la maleta llena de recuerdos de la vida
y obra de su profesor que era 45 años mayor. Kodama acepta que las fotos de la
exposición fueron tomadas por ella, ya que "a él le gustaba que le tomaran
fotos, se relajaba, en cambio yo me tenso cuando poso". María Kodama llega a la
entrevista minutos después de comer y acepta que no es nada Gourmet. "Como
porque tengo qué hacerlo y me encantan los postres", nos dice ante el
cuestionamiento de cuál comida es su preferida.
¿En sus viajes, preferían los sitios ya visitados o se decantaban por lugares
nuevos?
En primer lugar, viajábamos mucho porque a Borges lo invitaban a dar
conferencias y cátedras en distintos lugares. A veces eran largas temporadas y
cuando teníamos tiempo "nos escapábamos", como él decía, a explorar nuevos
lugares. Él ya conocía Europa y aunque en ocasiones le gustaba volver a lugares
donde había estado, siemrpe buscaba ir a sitios nuevos, como Turquía, Egipto o
Marruecos.
¿Cómo cree que influyeron los viajes en la obra de Borges?
Su primer viaje es el de la imaginación con los libros. Luego, a sus 16 años,
cuando comenzó a viajar con sus padres, los sorprende la Primera Guerra Mundial
y se tiene que quedar en Europa. Entonces queda fascinado con las diferencias
culturales y todo ese mundo nuevo le deparó una caja de sorpresas y
conocimientos que seguro amplió su percepción. Me decía que ver el trato dado a
los refugiados en la Primera Guerra Mundial implicó un aprendizaje de tolerancia
para toda su vida.
Desde su percepción, ¿cuál fue el viaje que más lo impactó a él?
De los mundos que descubrimos juntos, creo que Islandia. Y es que aprendimos
la lengua, incluso hicimos traducciones al español. Otro lugar que lo cautivó
fue Japón. Decía que era "el único país civilizado que existía" (al evocar esta
cita María Kodama suelta una carcajada). Porque claro, invitado por la Japan
Fundation, todo el tiempo lo llenaron de atenciones.
Ya me dijo que usted no, pero ¿el maestro sí disfrutaba de la comida?
No mucho. Tenía sus preferencias, le gustaban las empanadas con azúcar y el
arroz. Carne al principio comía, después no tanto. Le encantaba la comida
japonesa porque era simple.
Con tantos viajes que realizó al lado del maestro Borges y ahora en su
condición de presidenta de la Fundación, ¿de algún modo cumplió el sueño juvenil
de enrolarse en la marina?
No lo sé. Porque cuando era niña fantaseaba con la vastedad del mar y del
desierto, que se parecen mucho, es decir, son cambiantes, en cuanto a las formas
y el color, además de altamente peligrosos y maravillosos.
Un bosque también puede ser peligroso...
Mmmm, no tanto. El bosque es peligroso, pero a mí no me atrae, pues prefiero
las cosas que me remiten al infinito. Que no se acaban y que están vivas.
¿Por qué se critica tanto a María Kodama?
No sé, la envidia, la frustración. Las señoras que aseguraban haber sido
dejadas por Borges. Los señores que están desesperados e histéricos porque
hablan de una posesión diabólica mía... ji, ji, ji, es muy divertido. Es una
novela, pero la verdad es que yo no le he sacado nada a nadie, trabajé como una
loca y vivimos una vida maravillosa, pero además pública y notoria. Y la gente
que me critica me provoca compasión porque en el fondo deben de ser muy
desdichados para lanzarse así contra una persona que no les ha hecho nada.
Es imposible no trazar un paralelismo con la viuda de John Lennon, ¿se siente
como la Yoko Ono del sur?
Eso es racismo, xenofobia. Si dijéramos lo mismo de un judío eso es
xenofobia, atención, ¿eh? Quienes hacen dicha comparación en Argentina es por lo
de la nacionalidad japonesa.
Usted es argentina, de cualquier modo.
La mitad de mi sangre es japonesa. Pero en todo caso yo no rompí nada (como
Yoko Ono), Borges no tenía una banda. Allí hay una diferencia: él era un hombre
libre, yo una mujer libre e hicimos nuestra vida. No hay nada por qué
escandalizarse, menos en estos tiempos en que está permitido hasta casarse con
un elefante del zoológico.
¿Sigue sin creer en el matrimonio?
Totalmente. El matrimonio tendría qué ser como un certificado de fin de
estudios. Si yo logro sobrellevar los sinsabores, alegrías y esperanzas durante
una vida con un hombre, entonces me entregan el diploma. Con el matrimonio
moderno se hace al revés. Usted firma algo y se compromete a cosas que no sabe
si va a poder cumplir. Eso es un delirio atómico que nunca acepté.
¿Ya encontró las palabras para describir el amor que la unió con Borges?
No he querido hacerlo con mis palabras, pues está perfectamente descrito en
el que fue el primer libro de la literatura occidental, La Iliada. Cuando Héctor
va a luchar en la guerra de Troya y su mujer trata de retenerlo. Ella le dice
(María Kodama primero lo recita en griego en honor a su maestro de ese idioma):
"Héctor, tú eres para mí un padre, mi señora madre, y mis hermanos, pero por
sobre todas las cosas eres el amor que florece". La mejor definición del amor,
sin duda.
¿Le molesta que la identifiquen como la viuda de Borges?
En realidad es lo
que soy. No me puede molestar.
¿Sueña con él?
A veces sí. Viajamos, nos reímos o charlamos. En sueños que
no tienen la menor importancia más que el hecho de verlo. A veces sólo lo veo a
él, aunque sé que camino a su lado.
Jorge Luis Borges se jactaba de los libros que había leído, más de los que
había escrito, ¿había qué creerle?
Sí, sí, es verdad. En su biblioteca no tenía ni un libro suyo. Y cuando le
dedicó las obras completas a la madre, le dijo: "Madre, acá tiene esto, si algún
día lo veo fuera de su cuarto irá a la basura". Y la madre casi lo encadena como
libro de la Edad Media para que nadie se lo llevara de su lado.
¿Merecía Jorge Luis Borges el Premio Nobel de Literatura?
Yo no sé si es
tan importante eso, merecerlo o no. Creo que él estaba por encima de eso. Su
vida y obra quedó para la eternidad, más que cualquier premio. Le aseguro que
nunca lo inquietó.
¿Qué sintió cuando el entonces presidente mexicano Vicente Fox habló de un
tal "José Luis Borgues"?
Es una cosa muy divertida que el mismo Borges fomentó. Decía que "quizás en
una enciclopedia años adelante se hable del gran escritor José Luis Borges". A
lo mejor este señor (Fox) quería seguir la broma que el propio Borges hacía
sobre su nombre. Y de hecho había un mozo en un restaurante de Buenos Aires a
donde íbamos a comer que le llamaba "don José". Él decía que Jorge era un nombre
muy fuerte y que en cambio José "es como si se perdiera en un suspiro".
La exposición El Atlas de Borges, con fotos de los viajes de la pareja de
María Kodama y Jorge Luis Borges, se presenta hasta el 28 de marzo en la galería
Arteria. Isabel la Católica 12, Centro Histórico.