Tras el partido mundialista de cuartos de final entre España y Portugal --que
más parecía un desfile de Dolce & Gabbana--, un considerable espectro de
animadas doncellas se interesó abruptamente por el devenir del mal llamado
"juego del hombre". Sin embargo, para los feos, fuertes y formales, nunca
resultó más fácil convencerlas de ver el futbol juntos, así es que, aprovechando
la euforia mundialista, sacamos del closet otras opciones de precalentamiento
carnal
Empero, el que Sergio Ramos y Cristiano Ronaldo emocionen a una pléyade de
villamelonas, no deja de ser desalentador dado que los mundiales se juegan cada
cuatro años, por lo que en auxilio del rudo presente nos hemos dado a la tarea
de recomendar otros momentos de arraigo popular en donde las mujeres
experimentan un subidón de estrógenos.
En esta secuencia omitiremos aquellas
paradas donde la excitación resulta una invitada constante como en los
chipendale´s, una cena de con velitas en restaurante de lujo, en un mitin, sea
de Enrique Peña Nieto o de Barack Obama o en un viaje a la ciudad idílica que
ambos pacten. Vale aclarar que la de por si pretenciosa idea de sugerir sitios
alternativos con potencialidades sensuales, también lleva implícita su carga de
humildad y un deseo irreprochable de servir a la comunidad. Se aceptan, en ese
sentido, sinceras recomendaciones.
Las luchas
En medio de un público gritón y agresivo, con el asedio
constante de vendedores de chela o fast food, frente a la fingida teatralidad en
las dos horas de show, las luchas tienen la virtud de poner a punto a cierta
clase de chicas que sufren una agradable transformación conforme los rudos se
cachetean, los enmascarados vuelan esquivando sillas y las desnucadoras definen
la tercera caída. La dulcificación femenina que ofrece el pancracio suele dar
mejores resultados si en el cartel se halla el regiomontano Héctor Garza, el
canadiense Marco Corleone o el ruso Alex Koslov, los cuales han convertido al
ring en un espacio prodigado al desnudismo masculino.
Poker de diamantes
Hay un trayecto en donde las mujeres sufren una enorme
sobredosis de suspiros y es en un tour de joyerías. Entiendo del peligro que
entraña regodearse en el amor dentro de un sitio plagado de carísimos anillos y
aretes con diamantes, pero ellas entienden que salir con los dedos vacíos es una
posibilidad ya que no es como acudir a un restaurante en donde necesariamente
hay que ordenar. Ahí, frente a las vitrinas, contemplando adornos y colguijes,
uno se la puede llevar a puras promesas mientras ve encenderse los rubores del
ser amado e imaginando a sus prendas íntimas humedecer.
¡Así llegan!
Parecerá falaz pero una buena tarde en el Hipódromo es capaz
de transformar en feliz Shakira a una chica emo, salvar un matrimonio a punto de
hallar su iceberg o moldear a una dura chica plástica. Se recomienda la parte
del restaurante ya que la grada está llena de Bukowski´s, losers y viciosos del
juego, que al final de la carrera son sinónimos. En la opción de tarde
placentera frente a las carreras, si necesitarás un poco de ayuda divina para
que los caballos a los que apuesta tu compañera se conviertan en ganadores, lo
que coadyuvará a que tu interesada galantería gane por una nariz.
El efecto Sex & The City
Aunque muchas prefieran ir a una subasta de
autos antiguos de lujo, en términos de acelere emocional, resulta infalible
acceder periódicamente para acompañar a tu mujercita a comprar zapatos. El
simple hecho en si significa una proeza para cualquiera, detalle que se compensa
cuando al final de la jornada ella, agradecida y exaltada, te tumbará frente
sobre las vacías de Nine West, Gucci, Prada, Ferragamo y abusará de ti.
PH
La visita a un penthouse público (un restaurante bar) o privado,
siempre ofrece la sensación de poder y control. Sin embargo para que la subida
resulte infalible y aprovechando el montaje, nada mejor que entrarle a un juego
de rol (como simular conocerse en ese lugar) el cual dejará a los involucrados
como agua para te chai, con las ganas tan intensas que poco importará la pérdida
del pudor y la decencia.