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BAJO SU PROPIO RIESGO .- Suicidio en la máxima tribuna

Por: JUAN ALBERTO VÁZQUEZ
Domingo, 15/Marzo/2009

Este buen hombre quería repetir en una tercera ocasión como diputado federal al servicio de la patria pero una imposición de Maximino Ávila Camacho, el verdadero hermano incómodo de la nación, se lo impidió. Fue por eso que el oaxaqueño Meixueiro subió a la máxima tribuna de la nación sacó su pistola calibre 38 escuadra y ante la mirada atónita de los demás legisladores que se empeñaban en ignorarlo, se disparó.

Por lo mismo, el año de 1943 es uno de los años más recordados en la historia de la Cámara de Diputados. En ese periodo por primera vez el Congreso de la Unión (que antes se ubicaba en las instalaciones de la calle de Donceles que hoy albergan a la Asamblea de Representantes del Distrito Federal), albergaba a tres diputados que no pertenecían al Partido de la Revolución Mexicana, que cinco años antes (1938) se llamara Partido Nacional Revolucionario y tres después (1946) Partido Revolucionario Institucional.

La incursión de tres legisladores pertenecientes al, por entonces recién fundado PAN, constituyó un caso inédito en la historia legislativa mexicana. Por cierto, el primer legislador con siglas de otro partido distinto al tricolor fue Juan Gutiérrez Lascurain a quien se unieron Antonio L. Rodríguez y Francisco Chávez González. Ninguno de ellos se comportó como oposición, por cierto.

En aquella fatídica legislatura no existían términos como pluralismo, mayorías o minorías legislativa, concertacesión, diálogo interparlamentario, debates en lo oscurito, y demás parches de la democracia a la mexicana, a las que, en su primera oportunidad, apelan nuestros diputados supuestamente democráticos. Lo realidad la marcaba la contundente hegemonía del partido engendrado de la revolución.

El miércoles 18 de agosto de 1943 se suscitó la inolvidable sesión donde se discutían y calificaban las elecciones para seleccionar a los diputados federales que iniciarían el primero de septiembre los trabajos del Periodo Ordinario de sesiones de ese año. Ya un poco tarde, le llegó su turno al segundo distrito de Oaxaca donde el mencionado diputado Jorge Meixueiro reclamaba con todos los argumentos que le eran posibles, un triunfo que alegaba legítimo y no se cansaba de repetir que era "víctima de un fraude electoral". Imaginen que jocoso.

Unos años atrás, don Jorge no tuvo ningún rival en las otras dos incursiones que lo llevaron a representar a su distrito electoral. Y al parecer le gusto mucho al canijo que siempre lo llamaran, "señor diputado por aquí, señor diputado por allá". Sin embargo, cuando calculaba que su tercera temporada en la amada curul era cosa de trámite, un pequeño inconveniente se interpuso en su camino. Y ese fue un hombrecillo de apellido Neri, cuya única (pero gran) virtud era la de ser amigote y recomendado de Maximino, entonces Secretario de Comunicaciones y hermano incomodísimo del Presidente Manuel Ávila Camacho. El tal Neri también soñaba con las prebendas, dietas y ayudas extraordinarias de las que tanto gozó Meixueiro.

La sesión del día 18 transcurría en relativa calma aunque, desde una ignorada silla, preso de una depresión que lo llevaba a engendrar los más terribles monstruos, el diputado saliente ya había tomado la decisión. En su desesperación, y pese a que lo intentó, sabía que demostrar su triunfo ante el Colegio Electoral era una misión históricamente imposible (en ese entonces más) además de prácticamente inútil pues entendía lo remoto que hubiera sido el que dicha instancia modificara el dictamen que le negaba seguir cobrando como los grandes. Él conocía a la perfección el olvido absoluto del derecho y la ética política que imperaba en las formas de gobierno mexicanas y su decisión de vencer o morir era inapelable pues nunca se imagino que por ignorar dichas cualidades, alguna vez se le iban a revertir en su contra.

Se imaginó despojado de su fuero y tembló. Ahora, ¿que le diría a sus vecinos, amigos, familiares quienes tendrían que dejarlo de llamar "diputado"? "Amigos, ¿qué creen? pues que vuelvo a ser Jorge, lo que pasa es que perdí las elecciones" se imaginaba justificándose y un aire caliente le recorría el pecho; una agridulce sensación se instaló en su boca más seca que pastizal en invierno.

No sería más diputado. Cruel destino que lo devolvía a la deslucida existencia de un simple mortal. La idea le taladraba la conciencia a él que había participado con su presencia, voto y firma en el histórico decreto que reformaba de una vez y para siempre el artículo 49 Constitucional, en aquella hermosa mañana de 1937 cuando el presidente Lázaro Cárdenas decidió dividir, para su ejercicio, al Supremo Poder de la Federación en tres: Ejecutivo, Legislativo y Judicial. Sentía a dicho artículo como hijo suyo y a la labor de legislar como parte de su vida. Decirle adiós a los lujos, las comodidades, a la idea de llegar a ser senador, y, ¿por qué no? presidente municipal e incluso gobernador de su Estado, lo atormentaban.

Decíamos que Meixueiro subió a la Tribuna para intentar defender su triunfo pero todo fue inútil. El tal Neri y demás diputados ya asignados celebraban cuando el disparo de la calibre 38 los silenció. Hay versiones que señalan que antes de disparar, en su discurso de despedida (literal) don Jorge afirmó que sabía que con su propuesta "iba a picar una montaña con un clavo o a derretir con un cerillo la nieve de un volcán...". Otra fuente afirma que antes de tirarse a matar dijo: "En vista de que el señor candidato Neri es recomendado de secretario Maximino voy a dar mi último argumento: ¡bang!".

Ni hablar. De las poco más de 15 mil personas que han estado en la cámara de diputados en más de 100 años de historia, Jorge Meixueiro, aunque fuera orillado por la desesperación, será recordado por cumplir una de sus promesas. Aunque esta lo haya llevado a la tumba.


COMENTARIOS DE LOS LECTORES
3 Comentarios
1 El Sábado, 24/Julio/2010 04:58 pm Baruch dijo:
Juan Alberto,

Tengo que comenzar por decir que no tengo idea quien seas, cual sea tu profesión o tu formación académica y por ello me disculpo de antemano si es que eres historiador, politólogo o experto en la historia revolucionaria de nuestro país, porque yo, no soy nada de eso...

Al leer tu texto me parece que lo escribe alguien con al menos una de esas características, o en su defecto, alguien que conoció muy de cerca la trayectoria del señor Jorge Meixueiro. Por esto te pido que expreses en este mismo medio las razones que te permiten referirte a el, como un déspota aferrado a un curul sin el más mínimo escrúpulo o interés legítimo en un cargo de elección popular.

Espero que no seas uno de esos redactorsuchos que con tal de que les publiquen lo que sea, escriben con las vísceras más que con el cerebro y con la razón.

Quedo impaciente de que me quites esta idea de ti y de que plasmes en este espacio toda la información de la que te hayas valido para escribir tu cartita.
2 El Lunes, 26/Julio/2010 11:57 pm Francisco Solís Peón dijo:

Esta narración consta en el Diario de los Debates correspondiente, así como en los periódicos de la época, principalmente Excélsior, El Universal, El Fígaro, entre otros.

Recuerdo que uno de los grandes historiadores de este país, al cual tuve la fortuna de tener como maestro, refería en su columna periodística como referencia obligada este triste suceso cada vez que se conformaa el colegio electoral. Lo más curioso del caso es que según él, la mejor crónica la había realizado el periódica del gobierno: El Nacional.

Ante la duda ahí están las fuentes, a nadie le hace mal un poco de investigación.
3 El Jueves, 29/Julio/2010 12:29 am Baruch dijo:
Efectivamente, a nadie le hace mal un poco de investigación... Sobre todo cuando se atreve a escribir en espacios como este.

No son los hechos que se narran los que carecen de fundamentos, sino la opinión sobre el personaje del que se esta escribiendo. Los adjetivos que se usan para describir a Jorge Meixueiro dejan claro que quien escribió este texto, no tiene ni la menor idea de cual fue su trayectoria, ni su historia personal.

Me parece que deberían ser más responsables en lo que publican y no menospreciar el indudable valor que tienen los medios de comunicación, por más limitados que estos puedan ser. No se puede negar que una persona que lo mismo se atreve a opinar de moda que de sucesos históricos relevantes, no puede ofrecer opiniones serias y bien fundamentadas.

Ojalá que en un acto de madurez periodística hagan una investigación donde se reconozca la limitada visión que tiene este escrito y se mencione la sustancia de este hecho que de alguna forma marcó la historia del congreso en nuestro país. Este hecho que no fue, sino una de las más crudas protestas que se han hecho en contra de la corrupción, el compadrazgo y la injusticia. Jorge Meixueiro fue un hombre de grandes convicciones y contaba con el apoyo de la gente a la que muy dignamente representó en su posición como Diputado.
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