Lo que empieza en cólera acaba en vergüenza.
(Benjamin Franklin)
Ha concluido, al fin, esa superindustria denominada Copa
Mundial de Fútbol, en su versión 2010. Por lo, dado un período prudente, es
tiempo de abordar, sin apasionados e irrazonables desbordes -que nada tienen
que ver con el deporte directamente y que sí dicen mucho de nuestra
idiosincrasia y el desarrollo de nuestro país, en el concierto mundial de
naciones - lo acontecido con "nuestra selección".
Habremos que recordar que un deporte, cualquiera que este
sea, es, de origen, un pasatiempo, una diversión que debiera servir para pasar
ratos agradables y olvidarnos momentáneamente de la causa de nuestro cotidiano
estrés. Pero, enardecernos porque un árbitro se equivocó por unos milímetros y
no dictaminó "fuera de lugar" en contra de "nuestra" selección está, ahora sí,
"fuera de lugar". No dijimos nada por los goles que anotamos a una disminuida
Francia, ambos de muy dudosa validez, tanto así que evitamos las "repeticiones"
televisivas de ambas acciones.
Los medios masivos de comunicación, especialmente los
electrónicos, inflan el nivel de calidad de nuestros atletas en connivencia con
las grandes empresas transnacionales a fin de vender más, creando una industria
mega-millonaria en beneficio de sus propios y mezquinos intereses. El deporte
en sí les importa un bledo. En escritos del periodista peruano Carlos A.
Anderson extractamos, casi literalmente:
"A través del análisis econométrico y de la comparación
detallada de niveles de desarrollo económico y el progreso futbolero concluimos
lo siguiente; en primer lugar, los resultados del análisis ratificaban lo que
nos decía la experiencia: que el éxito en el campo del fútbol está relacionado
con el nivel de desarrollo "relativo" de las distintas geografías.
Así, en Europa, las potencias futboleras son también las
potencias económicas (Alemania, Francia, Italia, Inglaterra).
En América del Sur, los países de mayor desarrollo económico
relativo (Brasil, Argentina, Uruguay) son también potencias en el mundo del
fútbol. Corea del Sur y Japón, los dos países más desarrollados del lejano
Oriente, son los que más lejos han llegado -no solo en Sudáfrica 2010- sino
previamente en el mundial que organizaron en el 2002. Esta relación entre
poderío económico y éxito en el fútbol nos debería llevar a preguntarnos qué
pasará con China y con India si en unos 20 años más se convierten en la primera
y segunda economías del mundo. Rusia y Brasil ya son potencias futbolísticas.
Pero, por alguna razón, se me hace difícil imaginar a los indúes como potencia
del futbol mundial.
El análisis estadístico más fino encontró -si mal no
recuerdo- que ganar un mundial tiene un impacto positivo -para el país ganador-
de alrededor del 0.5% del producto interno bruto (PIB), cifra nada despreciable
si pensamos que es más o menos el impacto que se espera que tengan sobre el PIB
un buen número de programas de estímulo económico anticrisis.
La gran excepción se da al norte del continente americano,
donde ni los Estados Unidos ni Canadá (ni México) pueden ser catalogados como
una gran potencia futbolera. Ciertamente, la actuación de los seleccionados
nacionales de México y de Estados Unidos en Sudáfrica 2010 es más que
rescatable y hasta es posible imaginar que en unos dos o tres mundiales alguno
de ellos podría llegar hasta la propia final. Pero la particularidad de los
Estados Unidos, con su innegable pasión por los deportes "made in
USA", continuará siendo la norma hasta que, en efecto, surja un equipo en
el que jugadores como Landon Donovan sean la norma y no la excepción a la
regla. Entonces, los Estados Unidos podrán reclamar su lugar en el mundo del
fútbol, aunque se empeñen en llamarlo soccer". Acertado ¿no?.
Entre las economías y el fútbol hay semejanzas maravillosas.
Escándalos futboleros han habido muchos, pero las víctimas
no son las plañideras que tenemos en nuestra afición, potenciadas por los
dizque expertos electrónicos.
En 1986, el inefable Maradona metió con la mano (de Dios,
dijo cínicamente) para arrebatar a Inglaterra el Campeonato de ese año... e
Inglaterra no tomó las armas. Eso lo hacen los países tercermundistas, como...
En 1969 los países miembros de la CONCACAF
decidieron que el sistema eliminatorio para el Mundial de México del año
próximo se dispute de la siguiente manera: cuatro grupos cuyos ganadores se
cruzarían en semifinales y los vencedores en una final la cual clasificaría al
único equipo para dicho torneo. Así las cosas, Haití y EE.UU. debían cruzarse
en una semifinal y en la otra El Salvadory Honduras. Imprevistamente
los enfrentamientos entre estas dos selecciones fueron el detonante de
una guerra que, al cabo de los cinco días que duró, dejó un saldo de 6
mil víctimas entre heridos y muertos, ¿se acuerdan?. Y hay más, mucho más sobre
los errores garrafales sí, pero errores humanos, no de mala fe, como cuando
nuestro país quedó en vergüenza por el, ahora sí, escándalo de "los
cachirules":
En 1990, México quedó vetado de la Copa del Mundo de Italia
luego de protagonizar el peor episodio del futbol mexicano. Durante las
eliminatorias para el Mundial Juvenil de la FIFA, la Federación Mexicana
de Futbol decidió alinear a cuatro jugadores que rebasaban la edad
reglamentaria de hecho, el registro para el torneo preliminar se realizó con
actas de nacimiento falsificadas. El equipo mexicano no se pudo salir con la
suya y el órgano rector del futbol decidió castigar a nuestro país dejándolo
fuera de la posibilidad para participar en la máxima justa. ¿Qué tal?.
El consumidor asiduo puede asistir normalmente a un estadio
o ver el partido a través de la TV
y toma las "cheves" discutiendo las jugadas con el compadre en turno.
Mientras que el consumidor ocasional es aquel que ve
noticieros y algún programa especial de fútbol en TV; en alguna oportunidad
asiste al estadio; es poco fiel al producto directo y difícil, pues al comparar
con otros mercados, lo hace muy exigente. Pero la industria cree que es
proclive a escuchar a los demás "fanáticos", A todos ellos está dirigido el
mensaje: "nuestra" selección es candidata al título, sin un historial o currículo que
avale semejante aseveración.
La fiesta del fútbol despierta multitudes. El tema del
fútbol subyace en la mente de rico, pobre, gordo, flaco, feo, bonito, etc.
Todos festejan el gol. El manipuleo mediático es, en este caso, lógico.
Sin embargo, a la hora de elegir una profesión, no son las
personas de los estratos de clases media y alta los que normalmente buscan con
afán el fútbol o cualquier deporte de masa (básquet o el béisbol) como una meta
para realizar sus sueños dorados. Los hijos de los doctores, abogados o
ingenieros a menudo terminan como sus padres: dentro de los estratos de clase
media y alta. El deporte fue una etapa más de su preparación humana -y así debe
ser -.
En la antigua Roma era famosa la frase de 'Panem et
circenses' (Pan y circo). Los Césares que pasaron a la Historia por su buen
hacer, se caracterizaron por dar mucho pan al pueblo y poco circo.
Sin embargo los Césares que pasaron a la posteridad como imagen de negligencia,
corrupción y nepotismo, dieron mucho circo y poco pan.
Estamos viviendo en nuestro país la etapa de mucho circo y poco pan.
Triste es.
Busquemos primero nuestro desarrollo económico, lo demás vendrá por
añadidura.