"Si me lo dices, lo olvido.
Si me lo enseñas, lo recuerdo.
Si me involucras, lo aprendo."
Benjamín Franklin.
Déjeme contarle: He consagrado poco más de cuarenta años de mi vida a la educación docente. Es más, es mi propia vida. Actualmente dedico mi tiempo libre a la asesoría de jóvenes de nivel secundaria, bachillerato y profesional con problemas de aprendizaje (¿?); concretamente en las asignaturas de Matemáticas y Física, y que, asombrosamente para muchos, son personas muy inteligentes que comprenden fácilmente los temas que no aprendieron en sus respectivas escuelas.
En estos días han terminado, en la mayoría de las escuelas, los primeros exámenes parciales del año escolar 2009-2010... y, con ello, se ha incrementado el número de padres de familia que vienen preocupados porque sus hijos han salido reprobados en esas asignaturas.
¿En qué está fallando la educación en nuestro país?. He observado que, básicamente, no es por el lado del aprendizaje, puesto que los chicos y chicas actuales son muy listos y que, debidamente motivados, aprenden con facilidad. No. El problema está del lado de la enseñanza y, desgraciadamente, tiene muchas vertientes, pero que, en este espacio cortésmente cedido por este medio informativo, sólo mencionaremos una de ellas.
Si me ha seguido hasta aquí, déjeme, por favor, hablarle de un libro que impactó al mundo de la educación de hace unas tres décadas, sobre todo en los E.E.U.U., y que su perenne actualidad lo hace material preciado para los docentes que buscan verdaderamente su superación profesional...y materia obligada de estas reflexiones.
La mencionada obra es del Mtro. Morris Kline y se ha traducido como he titulado este trabajo: ¿Por qué Juanito no sabe sumar? o El fracaso de la matemática moderna. La parte comercial rezaba: "Una generación de analfabetos en matemáticas, con un temor sin precedentes a este campo de la enseñanza, es la prueba más palpable del fracaso de la matemática moderna."
"La razón está clara: las nuevas matemáticas están dirigidas a una reducida fracción de estudiantes que algún día serán matemáticos de profesión. Los demás se quedan en una formación apenas suficiente para realizar operaciones matemáticas simples, y sin duda insuficientes para rellenar un impreso de declaración de impuestos". SIC.
El texto en cuestión lo escribió Kline movido por lo errado que estaba su país -y México, que copia casi fielmente las metodologías educativas extranjeras, sin cerciorarse primero si son eficaces - al implementar, desde los primeros meses de la educación preescolar la Teoría de Conjuntos, ¿se acuerdan?. El libro todo es un fino sarcasmo de lo aberrante de la situación y una lacerante crítica a las decisiones de gabinete de aquellos encargados de implementar las políticas educativas de su país (y, tristemente, del nuestro).
Sin abundar en ello, recordamos cómo nuestro querido México adoptó a rajatabla la corriente constructivista en la educación, que los maestros, en gran número, no aplican correctamente por ignorancia algunos y otros por su comodidad. Retacan al alumno con tareas que mal revisan y les encargan investigar, por su cuenta, temas relevantes que requieren de una explicación clara y de una conducción puntual.
Recuerdo que, cuando el estudiante era yo, había asignaturas que me causaban verdadera repugnancia -como ciertos anuncios comerciales televisivos que lejos de agradar, repugnan -. Con los años me dí cuenta que no la asignatura me producía nauseas, sino que el maestro en turno se encargaba de que así fuera, imagino que de manera inconsciente y, quizá, con buena intención.
Este costructivismo mal aplicado hace que el alumno odie ir a la escuela, que no aprenda algo de las ciencias, aunque se pase el día investigando (plagiando temas de la Internet) y haciendo tareas y más tareas que no comprende.
Algunos comentarios que publicó José María Sorando Muzás acerca del susodicho libro -en particular del último capítulo - son los siguientes:
"En este último capítulo se señala en qué dirección, según el autor, debería orientarse una reforma eficaz de la enseñanza en general:
Una formación más amplia que profunda, en la que los estudiantes no sólo aprendieran cuál es el contenido de cada materia, sino también qué papel juega en nuestra cultura y en nuestra sociedad.
Convencido de que es más fácil interesar a los jóvenes por los problemas reales que por las matemáticas abstractas, sugiere sustituir la secuenciación matemática habitual por la presentación de conceptos y técnicas que se van precisando para cada objetivo planteado. Se trataría de estructurar el currículo alrededor de la resolución de problemas, propuesta que hoy sigue siendo «revolucionaria» en la mayoría de nuestras aulas.
Termina la obra declarando su convencimiento de que, mucho más importante que el plan de enseñanza es la formación de los profesores en un sentido amplio. Y que éstos deberían ser los árbitros que en cada situación decidan qué se debe enseñar y cómo debe enseñarse.
Un mal profesor y un buen plan darán una mala enseñanza, mientras que un buen profesor superará las deficiencias de cualquier plan.
Cualquier tiempo pasado... ya pasó.". Reseña aparecida en la revista SUMA nº 39 Feb 2002.
La corriente constructivista no es, de manera alguna, la panacea para los males pedagógicos, como tampoco lo fue el conductismo, ahora vituperado por los "sabios" del sistema educativo o el piagetismo llevado a extremos irracionales que produjo, entre otros desajustes sociales, el movimiento hippie de los años 60´s. La educación basada en competencias es buena...si el magisterio está convencido de ello y... ¡no lo está!.
Señores, señoras: preocupémonos por pugnar para que nuestro dinero sea utilizado para la preparación integral de los empleados al servicio de la educación y que, indudablemente, redundará en beneficio de nuestros hijos y, por ende, de la Nación. Ese dinero nuestro recaudado vía impositiva no debe servir para comprar "regalos" a servidores públicos que cobran -no devengan - sueldos astronómicos por no hacer nada que no sea en pro de sus respectivos partidos o suyo particularmente.
Termino con un chiste que pinta muy bien la agudeza del alumno, mal dirigida por sus mentores: "¿Cuál es el mejor procedimiento para medir con un barómetro la altura de un edificio?, pregunta el maestro. Respuesta de un estudiante: "Probablemente, el mejor sería llamar a la puerta del portero, y decirle: Tengo aquí este excelente barómetro. Se lo regalo si me dice la altura del edificio." (Citado por Alain Bouvier en su libro La mystification mathématique, Hermann, 1981).
Gracias, lector, por su atención.