En memoria del Pbro. Fernando Cervera Milán.
Con admiración y profundo respeto.
Si no tengo amor, de nada me sirve hablar todos los idiomas del mundo,
y hasta el idioma de los ángeles. Si no tengo amor, soy como un pedazo de metal ruidoso;
¡soy como una campana desafinada! 1 Corintios 13.1
Época navideña. Época que debiese ser de alegría diáfana y pura. Tiempo de Adviento..., de nostalgia que, en algunos, llega a la melancolía.
Tiempo de ser valiente para hacer un recuento de nuestras obras durante el año que fenece. De elaborar un cuidadoso inventario de nuestras acciones. De mejorar lo bueno que encontremos y de desarraigar lo malo.
Período en donde debiésemos festejar la natividad de Jesús. Es su cumpleaños y en ese sentido va la tradición de recibir o dar regalos, que en sus orígenes recibían sólo los niños o niñas, rememorando lo ocurrido hace unos 2008 años; es decir, la visita de los magos al recién Nacido, llevándole obsequios.
Por este motivo, quise hoy apartarme de mis tradicionales temas de la educación en México y de la política, concebida ésta como la búsqueda del bien común, sin partidismos.
La realidad, la horrible y deleznable realidad es otra. Con el pretexto del fausto acontecimiento se exigen "regalos" costosos. La gente adulta espera con ansia la fiesta de la Navidad del Señor, unos para intercambiar "presentes" miserables a sus "amistades secretas", otros para demandar de sus padres y/o cónyuges "obsequios" que serían la envidia de un príncipe árabe de un país empobrecido que flota sobre petróleo.
He visto, sin poder evitar un estremecimiento, el anuncio comercial de una tienda transnacional con nombre de ciudad inglesa, en donde aparece una "dama", arrojando y rompiendo con furia algunos supuestos regalos recibidos, pues su dador (novio, amante, esposo) no supo "regalarle" lo que ella, caprichosamente, deseaba.
Hemos adoptado costumbres, sajonas, gringas-judías, etc., que en nada se relacionan con nuestra tradicional idiosincrasia.
El consumismo, fomentado en grande por nuestro vecino país del norte, ha hecho mella en la mente de nuestros compatriotas. El gastar desmedidamente, beneficiando a los grandes consorcios extranjeros, el endeudarse irracionalmente no es el propósito original de la festividad, sino lo contrario. El amor no está en relación con la cantidad gastada en el obsequio mundano. Para nada.
"Pelón, pero de corazón", decía la inolvidable abuelita Lancha, cuando daba un abrazo y un beso como regalo, en vez de darnos algo costoso. Y cómo sabía bien tal REGALO (así, con mayúsculas).
Cristo, siendo judío por nacimiento, irritó a los de su propia raza que no cumplían los preceptos mosaicos, principalmente a los sacerdotes, levitas y, especialmente, a los de la secta de los fariseos y valientemente se los echaba en cara. Tanto así que conspiraron con sus invasores romanos, para ejecutarlo, acusándolo falsamente de sedición. Pero ensalzaba a los publicanos (servidores públicos de los odiados romanos) conversos.
Los hebreos son conocidos universalmente como eternos y hábiles comerciantes. Sin embargo: "... y Jesús fue al Templo. Ahí comenzó a echar fuera a los que se dedicaban a vender y a comprar en el Templo. Tiró al suelo las mesas de los que cambiaban dinero y los puestos de los vendedores de palomas", Marcos, 11, 15.
Uno puede decir "¡qué barbaridad estos cambistas que hacían un comercio de la Casa de Dios!", sin embargo ahora, ¿nosotros qué hacemos?, ¿cómo nos acercamos?, ¿cómo estamos presentes en la Casa de Dios?, ¿con qué actitud vamos? ¿La actitud del arrogante o la actitud del otro, del que pide perdón?, ¿la actitud del fariseo o la actitud del publicano?
¿Aún así creemos que a Jesús le agrada que se tome como pretexto su Nacimiento para comerciar?. Y lo "celebran" por igual creyentes y ateos. Claro, sólo es el pretexto para "justificar" excesos, no únicamente en el gastar, sino en el beber y en organizar verdaderas bacanales. Ya no se limitan a manifestar su alegría bebiendo moderadamente vino del lagar familiar (o vino nacional, ahora), sino comprar los más caros whiskies y champanes.
Cristo solamente nos dio un mandato, añadido a los que recibieron los hebreos a través de Moisés: Que nos amemos los unos a los otros. Con amor puro y sincero.
El cristianismo nos enseña que si la fe es verdadera, si es real, entonces se expresa en amor (o sea en caridad). Y no equivoquemos el término ya que caridad no es limosna, es amor. Que una fe sin caridad, sin frutos, sería una fe muerta. Las consecuencias de una fe que no se encarna en el amor son desastrosas, porque se recurre al arbitrio y al subjetivismo más nocivo para nosotros y para los que nos rodean.
La privación del amor, del amor verdadero, es mortífera: desintegra al mundo, a la humanidad entera.
Nosotros, con gran frecuencia, no sabemos amar y no hacemos más que amarnos a nosotros mismos. Somos egoístas aún gastando exageradamente. Amor, en esencia, es entregarse, donarse al otro. Amor no es dar algo, es darse uno mismo.
Si dejamos de darnos, dejamos de amar, dejamos de crecer como personas, dejamos de perfeccionarnos.
El amor es más que palabras. Es más que sentimientos. A diferencia que nuestro idioma el griego tiene cuatro palabras para diferenciar los distintos tipos de amor:
1. Storge, que significa afecto natural.
2. Eros, que significa atracción sexual.
3. Philia, que se usa para el afecto o la amistad emocional.
4. Ágape, que significa amor incondicional, que se da a si mismo, sacrificado.
El amor que Jesús nos pide es el ágape, no nos confundamos, ni nos confundan los modernos judeo-fariseos
Ahora que la ciudadanía está desencantada de los tres partidos políticos más grandes del país, vale la pena pensar en una cuarta opción, la de crear uno con ideología social demócrata cristiana.
Deseo, con profundo amor por México y por mis conciudadanos, que en esta Navidad, Cristo Jesús renazca en cada uno de nuestros corazones.