Algunos colegas se abaten en la ramplonería extrema. Ponderan que es menester
cortar de tajo las masacres contra jóvenes extendidas a buena parte de la
geografía nacional. Esto es como si la solución supusiera la aplicación de la
discrecionalidad presidencial, capaz de aquietar a las mafias con tan solo la
expresión rutinaria de su voluntad. Nada más apartado de los escenarios actuales
en los que las complicidades carcomen los cuadros políticos y rebasan la
capacidad de respuesta del titular del Ejecutivo Federal, cada vez más atrapado
en su propia cueva. La infección está tan extendida sobre el mancillado
cuerpo de la República que la curación no es cosa de milagros bajo encomiendas
espirituales. Tendría que comenzarse, como tantas veces hemos explicado, con la
reconstrucción del tejido castrense y judicial, obviamente rebosante de
purulencias, y la consiguiente persecución a cuantos, desde la política, optaron
por servir de servidores, más bien testaferros, de las mafias en auge,
incluyendo, por supuesto, a los poderosos cárteles que, a diferencia de los
cuadros calderonistas, son capaces de renovarse con asombrosa celeridad: cuando
llega el agua al cuello de un capo célebre esto es, por lo general, porque ya
tiene reemplazo definido. Y así hasta el infinito.
Acaso las dirigencias
partidistas de nuestros días debieran, siquiera, tomar para sí el sentido
práctico de los insondables narcotraficantes, sobre todo aquellos que avizoramos
como intocables -Joaquín "El Chapo" Guzmán y compañía-, para depurar sus filas
en cuanto los "cabecillas" pierden controles o la confianza de sus coaligados.
Seguramente, si Juan Molinar Horcasitas, titular de Comunicaciones, Genaro
García Luna, de Seguridad Pública, y Javier Lozano, del Trabajo, entre otros,
formaran parte de alguna de las grandes bandas criminales, ya habrían sido
reemplazados desde hace tiempo. Con Calderón, sin embargo, su resistencia
debilita y carcome la estructura gubernamental, una trinchera sofocante y más
cuando se cierran salidas y ventanas.
Quizá por ello, cuando está a
punto de iniciar el último tercio de su administración -lo hará exactamente
dentro de un mes-, comienza a diseccionar responsivas mayores. Y ya le recordó a
Vicente Fox, intocable hasta la semana pasada, que no cumplió con sus deberes
elementales, esto es para atajar a quienes coparon al país entero mientras
extendían complicidades hacia el interior del gobierno federal. Hizo bien poco,
más bien nada, al respecto y por ello la herencia negra del priismo hegemónico
se multiplicó a un ritmo mayor al de las especulaciones bursátiles en época de
bonanza. Menudo coraje habrá corrido desde las "muchas faldas" de la señora
Marta con el aserto de corte presidencial.
Y pese al "respeto"
manifestado por Calderón hacia su antecesor, Vicente y no su señora cabe
aclarar, el sacudimiento entre los panistas con ínfulas de invulnerables fue
tremendo. Terminó el reinado de Luzbel y se dio la mutación inevitable hacia
Lucifer, el Maligno, en el cielo del azul escarnecido. Esto es: lo que bajo la
deplorable hegemonía priísta ocurría de modo automático, al fin de cada periodo
sexenal, los panistas de la vieja hornada, malos imitadores y peores
intérpretes, se llevaron cuatro años, esto es dos tercios de un sexenio
paralizante. Esto es como si la gestación pudiera prolongarse a capricho de los
progenitores porque los nueve meses previstos no les alcanzaran para la "proeza"
de cortarse el cordón umbilical tratando de conservar, claro, las células
madres. Pero, para colmo, hasta los laboratorios les fallaron.
Ahora
bien, ¿las equivocaciones de los mandatarios, como las que dijo Calderón que
cometió el folklórico predecesor, deben quedar simplemente como referentes
extemporáneos o es necesario ahondar en ellas hasta establecer, con certeza, si
se incurrió o no en negligencia criminal y además contra la patria, lo que
podría significar incluso un acto de traición, así fuese por omisión, uno de los
delitos más graves tipificados por nuestra legislación superior? Es evidente
cuál es la respuesta.
Tomemos en cuenta, entonces, que quien ejerce la
Presidencia tiene el deber primigenio de denunciar un delito cuando tenga
conocimiento del mismo y no sólo señalarlo con los habituales infundios
semánticos. Si Calderón no procede en consecuencia, entonces, deberá ser visto
como el mayor de los cómplices del ahora indefendible foxismo; y ser juzgado por
ello, llegado el momento.
Debate
Cambiaron sólo los
papeles. Por Jalisco, desde hace años, se tiene la convicción de que los
panistas actuales actúan como los viejos priístas y éstos, en condición de
opositores de pacotilla, asumen los papeles de sus otrora adversarios de la
derecha. Para decirlo coloquialmente, la misma gata revolcada.
Los
jaliscienses han atestiguado tres administraciones panistas aun cuando se
observa a dos partidos que se reparten, casi por mitad, a los electores, el
gobernante Acción Nacional y el PRI. Cabría preguntarse si en este caso, el PRD
estaría en disposición de aliarse con el PRI para intentar romper el molde
caciquil de la derecha o si buscará, como en otras regiones, el cobijo del PAN,
que gobierna solo, para acrecentar coberturas y no dejarle resquicio al
aborrecido PRI... aun cuando la que opera como institución hegemónica sea la
dirigencia del partido derechista. Un PRI azul para decirlo sin eufemismos.
¿Y qué sucede en otros feudos, digamos en Baja California Sur, en donde
el PRD ha sumado varias administraciones estatales sin que puedan superarse las
animadversiones personalistas entre supuestos correligionarios... como suele
ocurrir en el Institucional? Para quienes han padecido las rebatiñas incesantes
-ahora protagonizadas por el ex gobernador Leonel Cota Montaño y quien parecía
el "mejor posicionado" para escalar la cuesta hacia la gubernatura, Marcos
Covarrubias Villaseñor, renunciantes a su partido de origen-, no hay duda alguna
sobre la preeminencia de un PRI... amarillo o con el sol azteca como fondo.
En sendos ejemplos, es inevitable observar la sombra del priísmo
histórico. ¿Entonces para qué tantos afanes de panistas y perredistas destinados
a romper en mil pedazos el irreverente espejo que los refleja? Perdida la
coherencia ideológica, las pretendidas comparaciones con los camaleones
históricos -con Churchill a la cabeza-, son sencillamente insostenibles y al
amparo de una falsa moralina que desnuda las patologías políticas concluyentes,
sin remedio, hacia las nuevas complicidades estructurales.
Quizá por
ello, las campañas en pro de la presidencia panista, concentradas en obtener los
avales de los 380 sabios, digo consejeros, de la elite, no son sino remedos de
cuanto sucedía a la sombra del presidencialismo autoritario: esto es con
escenografías para el divertimiento y la suprema voluntad airosa aun cuando sea
evidente su pérdida de controles y capacidades operativas. Finalmente, Calderón
sumará a tres monaguillos al hilo mientras construye el devenir político...
negociando en lo oscurito. Abundaremos.
El Reto
Por
fortuna nuestra patología se queda corta si la comparamos con la del peronismo
dominante en Argentina y hasta reconocida por mesiánicos radicales como el
venezolano Chávez. No sólo sigue siendo efectiva la tendencia hacia el
matriarcado por simulación reeleccionista sino, además, los tributos póstumos
conllevan el dolor de la viudez nacional. Lo mismo en la década de los
cincuenta, cuando la temprana muerte de Evita le fabricó a Perón su propio
nicho, que en la actualidad, tras el inesperado deceso de Néstor Kirchner, bajo
el mandato de su esposa, Cristinita Fernández. La diferencia estriba sólo en el
género de cada consorte, pero el fondo es dramáticamente repetitivo.
De
buena nos salvamos cuando su propia exhibición pública hizo trastabillar a los
ensoberbecidos Fox con disposición a exaltar la figura de Evita, santona de Andy
Lloyd Weber, para pretextar con ello sus afanes de perpetuidad. Sólo que... ¡nos
hubiéramos ahorrado a Calderón! Mea culpa. No sé si arrepentirme de cuanto narré
en "Marta" -Océano, 2003-, en plena efervescencia bélica del clan Bush.
En línea semejante, ahora se pondera a Margarita Zavala Gómez del campo,
discreta en principio, como la segunda "mejor posicionada" en el ámbito público,
sólo detrás del mexiquense Enrique Peña. No escarmentamos. Imagínense el
tremendo dolor que se causaría si Felipe se nos muere bajo la égida de
Margarita, por ahora guardiana insondable de las grandes sociedades que le
garantizan, a ella y sus descendientes, no sólo impunidad sino una vida de
millonarios. No llores por mí...
La Anécdota
Los
priístas rara vez se perdonaban. Y acaso al ex presidente a quien trataron peor
fue José López Portillo: le ladraban en los restaurantes -en recordatorio por la
infecunda promesa aquella de defender al peso "como un perro"-, mientras se
destrozaba su vida familiar entre dos fuegos.
A Miguel de la Madrid, su
sucesor, se le habilitó un refugio, el Fondo de Cultura Económica, para que
paliara, sin éxito, las terribles puñadas de Baco. ¿Quién le diría que, con el
tiempo, las tardeadas en Los Pinos serían su mejor evocación?
Sólo a un
"ex" se sigue perdonando: Ernesto "el gran simulador" Zedillo. Persiguió a los
Salinas, cumplimentando la antigua tradición, pero luego supo encontrar refugio
en las heredades políticas de los Fox. Nadie le ha juzgado ni ha sido motivo de
linchamiento alguno a pesar de sus inclinaciones por la traición. Éste es, sin
duda, quien mejor refleja al priísmo ambiguo que lo mismo puede pintarse de azul
o de amarillo.
E-Mail: rafloret@hotmail.com MAS OPINIONES DE RAFAEL LORET DE MOLA
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